MI PADRE

De pequeño yo creía que mi padre era un dios. Fuerte, guapo, listo, un galán. Cuando estaba a su lado miraba hacia arriba, y lo veía tan alto, que pensaba que él podía tocar el cielo.

Mi padre era enormemente orgulloso, igualito que mi abuelo, según dicen. Igualito que yo.

Lo adoraba. Con ese porte y ese aire que causaba respeto. Respeto que todos le tenían y así lo trataban. Todos escuchaban cuando él hablaba. Era de piel morena, como todos los hombres del campo, pero su piel relucía de forma especial, o yo lo veía así. Siempre bien vestido, aunque fuera con la ropa de laborar, su cinturón ancho, apoyando su mano en la hebilla mientras hablaba.

Yo, como mi madre y como la hacienda, éramos de mi padre, le pertenecíamos. También le pertenecían otros familiares lejanos que vivían con nosotros, no en nuestra casa, pero sí en la hacienda. Mi padre fue hijo único, y la familia que formó mi abuelo, y todo lo que él creó, ahora era de mi padre, de la misma forma que luego sería mío, según me decían.

Todas las familias en la zona de Alburquerque se conocían. Y la relación entre ellas dependía de la relación que hubiera entre los dueños o jefes de las mismas.

Mi padre me llevaba muchas veces a caballo. En unas ocasiones me colocaba delante de él, de forma que me hacía la ilusión de que era yo el que manejaba el destino de nuestro camino, de que era yo el que manejaba las riendas del animal. En otras ocasiones, me colocaba detrás de él, y me abrazaba a su cuerpo. Me sentía orgulloso y seguro. Sentía como mi padre manejaba al caballo, lo hacía trotar o correr, lo frenaba, lo dominaba, marcaba su paso. Y yo quería ser como él. Quería ser él.

Le gustaba pasear por sus campos y propiedades, llevándome con él. Pero no siempre lo hacía. Y a veces salía con otros hombres y no me llevaba a mí. Con el tiempo, supe que mi padre estaba metido en cosas de política, tirando a izquierdista, aunque eso no lo tengo muy claro.

Supe después que era bastante mujeriego y que se había visto metido en varias refriegas por ese motivo. Era querido por todos los que yo conocía, pero parece ser que había muchos que yo no conocía que lo odiaban. Por política o por otras causas, tenía muchos enemigos.

Nunca lo vi pelearse, pero alguna vez volvió a casa herido, o tenían que traerlo en un carro. Casi siempre sólo por golpes, pero en una ocasión le habían cortado con navaja en el brazo. Incluso una vez escuche que había sido tiroteado. En las ocasiones en las que volvía así, siempre había gran revuelo. Al día siguiente venían otros dueños de cortijos y se celebraban reuniones en la cocina o en la capilla. Se gritaba, se discutía y se tomaban decisiones. Yo no me enteraba de nada, pero me gustaba imaginar que mi padre preparaba la venganza. Me gustaba imaginar que cuando volviera a salir, sería para apalear, matar y castigar a quien fuera. Me lo imaginaba encima de su caballo, arengando a otros hombres, prendiendo fuego a haciendas y cortijos, disparando su escopeta contra otros hombres…

Y ahora, con el paso del tiempo, sé que eso era exactamente lo que hacía.

mi padre

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