EL DÍA QUE MATARON A MIS PADRES

EL DÍA QUE MATARON A MIS PADRES

Nos mandaron a la prima Laura a pasar una temporada con nosotros. Hubiera preferido que viniera mi primo José. Parece ser que quisieron sacar a Laura de Catalunya por algunos problemas de amoríos.

Mi padre intentaba estar más tiempo en casa y hacíamos más cosas juntos. En esa temporada casi siempre me llevaba con él a los recados, y fueron muchas las veces que salimos a pasear a caballo con mi madre y mi prima. Me sentía feliz por ello.

Yo gozaba cada momento que estaba con mi padre. Me llevaba con él en su caballo, y yo me agarraba a su cuerpo fuerte, no sólo para no caerme, sino para sentirme más cerca de su persona y de su alma. Lo veía, y así era, como el señor noble y vigoroso, recorriendo sus propiedades y sembrados. Si no andábamos a caballo, casi siempre iba de su mano, grande, fuerte.

Era muy respetado por todos. Allí dónde íbamos nos recibían y trataban muy bien, me cebaban con dulces y golosinas mientras mi padre abrazaba, saludaba, hablaba y negociaba con los campesinos de su cortijo. Mi madre y mi prima Laura, mientras tanto, hablaban con las mujeres de la casa de sus cosas. Mi madre siempre les llevaba algún regalo. Pequeñas cosas, cuadros, manteles, ollas, cosas así, pero que las hacía muy felices.

Nunca me pareció que los que nos recibían fueran hipócritas. Estoy convencido de que mi padre los trataba bien a ellos y por eso le respetaban. Creo que ahora podría decir que mi padre era muy de izquierdas políticamente hablando. Entendiendo como era la izquierda a principios del siglo XX. Parece ser que tenía muchos enemigos por esos temas. Siempre que íbamos a pasar el día por los campos a caballo, nos acompañaban uno o dos hombres del cortijo. Eran la protección de mi padre. Nuestra protección.

Un día, estábamos llegando a casa de unos campesinos del cortijo. Empezaba la tarde, ya que habíamos parado en un riachuelo a comer hacía un rato, antes de proseguir la marcha. Íbamos mi prima, mi madre, dos hombres del cortijo, mi padre y yo. Mi prima montaba con mi madre y yo lo hacía con mi padre. Los dos hombres iban un poco delante de nosotros en sus respectivas monturas.

Oí unos disparos. Sabía que lo eran porque estaba harto de oírlos en cacerías y en pruebas de puntería que hacían los hombres en el cortijo.

Vi caer a uno de los hombres que iban delante. Los animales se encabritaron. Miré hacia atrás y vi caer a mi prima y a mi madre de su caballo. Nosotros aguantamos en la montura. Yo me abracé fuertemente a mi padre.

Miré por la derecha de la espalda de mi  padre y vi a veinte metros, agazapado en unos matorrales,  a un hombre con una escopeta que nos apuntaba. Otros disparos sonaban por el otro lado. Mi padre arrancó de la silla su escopeta y la dirigió al hombre que nos apuntaba. Sonaron más disparos.

Sentí como mi padre se aflojaba. Sentí sus brazos caer. Sentí como se derribaba la columna en la que siempre me había apoyado. Quise sostenerlo, pero no pude y tuve que dejarlo que se fuera a tierra. Cayó como un fardo, y se quedó mirando al cielo. Le faltaba media cara. Me quedé montado en la silla sintiéndome desamparado, indefenso. Sintiendo un dolor que jamás he olvidado en mi vida.

Más disparos. Gritos de mi madre. Me vuelvo para ver como mi prima y mi madre están en el suelo, sangrando, creo que muertas. Nuestro hombre que todavía está montado pasa rápido al lado mío, me coge y me arrastra espoleando a su caballo. Nos disparan. Me sienta delante de él y noto como me cae sangre en el hombro. No siento nada, no sé si es mía. Estoy confuso y asustado. Me he meado encima.

No sé cuánto tardamos en llegar a casa. Parece mentira pero lo que más recuerdo de ese momento es como el caballo de mi padre galopaba al lado nuestro, vacío. Siempre a nuestro lado, hasta que llegamos al cortijo.

El revuelo fue enorme. Apareció todo el mundo por allí. Antonia me recogió enseguida en su casa.

Han matado a los señores, han matado a los señores. Las mujeres lloraban, los hombres gritaban. Han matado a los señores.

No olvidaré jamás esa frase.

EL DÍA QUE MATARON A MIS PADRES

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