El Abuelo Tomás en Cuba

EL ABUELO TOMÁS EN CUBA

Seguía contando el abuelo.

A los americanos ya los conocíamos como enemigos.Aunque en pocas ocasiones luché directamente contra ellos, en una ocasión tuvimos una refriega importante durante casi una semana.

Fue en Cuba, dónde había rebeldes cubanos que querían la independencia de España. Los americanos decidieron ayudarlos y por eso eran nuestros enemigos.

Enviaban barcos con armas y municiones para los rebeldes. Una vez, una de nuestras patrullas se topó con unos americanos que habían desembarcado para traerles esas cosas a los cubanos. Se liaron a tiros y los americanos se retiraron a la playa. Allí tenían los botes con los que habían venido desde el buque que se veía a unos kilómetros mar adentro. Pero desde el cuartel ya las habían detectado y empezaron a lanzarles cañonazos hasta destruirlas. Los americanos se atrincheraron en la playa, en unas rocas. Nuestra pequeña artillería no llegaba a ellos, y tenían una posición defensiva muy buena, siempre y cuando no se movieran de allí.

Así es que hacíamos amagos de ataque para ver si se les acababa la munición, pero parecía que tenían como para meses. Cuando intentábamos algo nos llovían las balas desde las rocas. Y apenas éramos capaces de ver a nadie.

Varias veces mandaron barcas desde el buque americano para sacarlos de allí, pero con esos sí que podíamos con nuestros cañones y no los dejábamos acercarse.

A la quinta o sexta noche, no me acuerdo bien, consiguieron sacarlos en una barquichuela de mierda. Ni vimos ni oímos nada hasta que fue muy tarde. Para cuando nos dimos cuenta estaban demasiado lejos. Sólo con el catalejo del vigía, al amanecer, se pudo ver como iban apiñados una veintena de hombres en una barca en la que habitualmente iban media docena de soldados.

En las rocas habían dejado media docena de cadáveres americanos, y un montón de pertrechos y municiones, no aprovechables por nosotros. Las armas de los americanos eran más modernas que las nuestras.

El intercambio de disparos que hubo entre ellos y nosotros en esos cuatro o cinco días fue exagerado. Nosotros no dejábamos de disparar y nos íbamos turnando. Acababas con dolor en los brazos y en el pecho. Y teníamos que parar.

Esa fue la única vez que he luchado casi cara a cara contra los americanos. Eran superiores a nosotros en cuanto a preparación y armamento. Les hubiéramos vencido si no hubiésemos sido sólo una cincuentena de hombres. Acercarse a ellos era un suicidio innecesario. Desplazar los cañones dejaba al descubierto otras posiciones nuestras. Pensamos que los agotaríamos. Pero se escabulleron, nos vencieron. Eran mejores. Creíamos en eso, y este fue el motivo de que al final nos enroláramos con ellos. Ese, y el odio que les teníamos a los filipinos.

Por lo menos, así recuerdo que lo contaba el abuelo.

Soldados en cuba

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